INTEGRIDAD PÚBLICA: ÉTICA, TRANSPARENCIA Y SERVICIO A LA CIUDADANÍA
La integridad pública es un enfoque de gestión orientado a fortalecer el desempeño ético de los servidores y funcionarios públicos, prevenir riesgos de corrupción y asegurar que las decisiones y actuaciones del Estado se realicen con valores, principios, normas, prevención y debida diligencia.
La cultura de integridad institucional se construye mediante prácticas compartidas, compromiso visible y sostenido de la alta dirección, transparencia, ética y estándares de comportamiento que permitan proteger el interés general y generar confianza en la ciudadanía.
La función de integridad busca prevenir la corrupción mediante canales de denuncia, acceso a la información pública, gestión de riesgos, manejo de conflictos de intereses, meritocracia, integridad en las contrataciones y fortalecimiento de los sistemas disciplinarios. La oficina de integridad orienta, articula acciones, evalúa medidas de protección al denunciante y promueve capacitación y difusión.
Finalmente, la función pública tiene como finalidad servir a la ciudadanía, priorizando el interés general y la generación de valor público, de manera que los servicios sean efectivamente recibidos, produzcan un impacto positivo y fortalezcan la legitimidad y confianza en las instituciones.
Mensaje central:
Personas íntegras, instituciones más fuertes. Integridad hoy, mejores servicios mañana.